La intensa lluvia obliga a suspender la Ehunmilak, prueba en la que participaba el chestano Juan Carlos García

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Por primera vez en los nueve años de historia de la exigente Ehunmilak (País Vasco), la organización se ha visto obligada a suspender esta cita atlética a la que concurrían cerca de un millar de corredores. En esta edición de 2018 participaba el chestano Juan Carlos García Ortiz, quien se ha quedado con ganas de completar los 90 kilómetros de la G2h.
La lluvia y el barro son habituales en esta cita con la montaña, aunque en esta edición era prácticamente imposible transitar por el trazado. «Los propios nativos nos decían que era para asustarse un poco. La organización de la carrera es espectacular. Se ha reunido a 1.600 voluntarios para asistir a 1.200 corredores, repartidos en tres carreras; Ehunmilak de 170km, G2h de 90km y una maratón. Lo curioso es que días antes la previsión meteorológica daba buen tiempo, aunque con tormentas esporádicas. Pero justamente ese viernes cambia y nos dan alerta amarilla en todo el norte por tormentas fuertes. Aun así, el día fue muy soleado y caluroso. A las 18h del viernes 13 de julio salía la prueba de 170km y ya avisaban desde organización que aunque el día era bueno no había que fiarse por la noche. A las 23 horas salíamos los quinientos participantes en la G2h. Desde el pueblo de Beasain se veía algún que otro destello, pero nada que no haya pasado en alguna otra carrera o que fuese anormal. Eso sí, desde organización insistían en que el último parte meteorológico adelantaba que el tiempo seguía igual o peor y que había que ir con precaución y cuidado», comenta Juan Carlos García.
«La salida fue espectacular. No en vano, había mucha gente en la calle animando. Así, los primeros kilómetros transcurrieron rápido, pero ya comenzaba a escucharse muchos relámpagos. Fue en el kilómetro 7 cuando comenzó a llover de forma intensa, lo que dificultaba la visibilidad. Había que ponerse las capas impermeables rápido, y eso que la temperatura era buena. Así, en las rampas más pronunciadas el agua bajaba corriendo a nivel de tobillos. Si tenemos en cuenta que en Euskadi el terreno es blando, graso y con barro, en una sección que en teoría no era muy embarrada ya se ponía la cosa seria con barro hasta el tobillo. Por este  motivo hubo caídas, mala tracción, por lo que comencé a pensar que cumplir los tiempos de paso de forma holgada se iba a convertir en algo difícil. Aun así, durante 5 minutos paró totalmente la tormenta y los rayos, pero todo fue un espejismo. En el kilómetro 14 volvió a llover, pero todavía más fuerte y con muchos rayos. Se veían las ramas caer muy cerca y la cosa iba a peor. Al llegar al kilómetro 18, donde había un avituallamiento justo antes de comenzar a subir a uno de los picos, la carrera se neutralizó y luego más tarde se suspendió. Nos enteramos que la carrera de 170km también se suspendió, ya que a unos chicos les pasó un rayo muy cerca. No hay que decir que la organización fue genial y sacó a los corredores, voluntarios y público rápido, subiendo hasta con coches particulares a por nosotros. Una lástima, pero decisión acertada. No en vano, las tormentas siguieron y aquello podía haber sido peligroso. La verdad es que ahora tengo una excusa para volver», apostilla el de Cheste.
Tras esta experiencia, anticipa que en noviembre tiene previsto asistir al Doñana Trail Maratón. «Se trata de realizar el Camino del Rocío desde Sevilla hasta la propia ermita. Son 76 kilómetros, pero sin apenas desnivel. Se trata de una carrera diferente donde lo difícil será mantener un ritmo relativamente rápido durante los 76km que consta», concluye.

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